16. Comer por ansiedad y estrés.
A menudo abrimos el frigorífico en busca de comida con la que saciarnos pero sin tener realmente hambre.
"Cuando comemos se activan una serie de neurotransmisores, como la dopamina, que se estimula con sustancias agradables y media en el placer del cerebro. También se segrega serotonina, que está ligada al control y manejo del estado de ánimo, y también regula el apetito"
Sí, la comida distrae y desestresa; pero si se usa como alivio a los malestares acaba dañando la salud física y mental
Cuando estamos estresados solemos picotear más, sobre todo dulces.
Comemos para paliar la ansiedad funciona; y entramos en piloto automático. Corremos el riesgo de entrar en un Círculo Vicioso
A medida que se va comiendo mal, aparece la fatiga, se duerme peor, se coge peso, nos sentimos culpables...
La calidad de la alimentación también es importante. Todos sabemos que la comida basura no nos ayuda; es mucho mejor incluir más verduras en nuestra dieta, por las vitaminas y el calcio que nos aportan. Y analicemos también nuestra actitud a la hora de comer: ¿lo hacemos de pie? ¿Muy deprisa? ¿O viendo la tele? ¿Masticamos bien?
Debemos de controlar.... qué, cómo y cuándo comemos. Identificar el hambre fisiológica.
Observándonos, poco a poco seremos más conscientes de uno de los procesos más importantes que realiza nuestro cuerpo, la ingesta de alimentos, y evitaremos que tenga un impacto negativo en nuestra salud física y mental.
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